sábado, 12 de noviembre de 2016

Capítulo 17. Es ella, no yo!

Yo soy una persona tranquila, bueno, tranquila dentro de todo. Piola, bueno mi risa no es muy piola que digamos, pero el resto de mi persona si lo es. Bueno yo mujer tranquila, en el sendero del señor cada cierto tiempo es boicoteada por ella. 

Sí, ella. Ella que es seca pa tomarse hasta el agua del florero. Ella que le gusta bailar hasta el menos diez apretaito y hasta el suelo. Ella que curá y con celular con batería  es un peligro para la sociedad, porque deja la cagada mandando mensajes. Pienso en ella y se me eriza la piel de lo Brígida que es la loca. Porque calmasound y aclarando un punto...todas las mujeres son (somos) locas, ninguna se salva, pero esta weona la cagó! Loca, loca, loca pó.

Ella que toma en la cuneta, o en la puerta de una casa, o donde le venga la sed; porque la loca con sed se pone más peligrosa que mono con navaja. A ella le gusta degustar el cartoné en la cuneta vacilándose algo pa la mente. A veces toma la semana completa. A ella le gusta cuando gente que no la conoce la desafié a tomarse el copete al seco, dudando de sus hábiles capacidades etilicas para empinar el codo; habilidades que adquirió con un arduo entrenamiento a lo largo de los años.
A pesar de que con ella nos conocemos de toda la vida, y hemos vivido diferente experiencias al borde de la religiosidad que nos podrían declarar beatas sin tener que llevar todos nuestros diversos milagros al Vaticano. A pesar de que ella no soy yo ni yo soy ella, compartimos el gusto por el postresismo y la ranciedad. A ratos nos perdemos, pero cuando nos reencontramos, son de esos reencuentros en que la tierra se sacude, chocan las estrellas, se caen los aviones y los huracanes azotan la tierra. Por que ella, es ella la Brígida y no yo. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Capítulo 16. Jardín Botánico

En mis días de más juventú, hubo un período que nos dio por ir al Jardín Botánico en Viña del Mar. 
Fue así como al terminar el semestre, se nos ocurrió ir apatotaos a vacilar y celebrar el fin del estrés semestral.

Quien se haya subido a alguna micro de la quinta región podrá entender la emoción de volar, y sentir que fantasilandia es una shala zico al lado de tremenda adrenalina con esos chóferes con complejo de rápido y furioso.

Fue así como después de comprar en Valpo todo lo necesario para nuestro party jard, esperamos eternamente la micro, para hacer más grato el trayecto y la conversa durante el camino ( porque a estas alturas toda la pipuls iba mas seca que escupo de momia ) bajarnos de la micro, caminamos cargados como equecos y decidimos donde nos pondríamos a beber, para por fin posar nuestros cachetes en el pasto.

Los melones con vino comenzaron a rotar en esa gran ronda de gente conversadora, gritona, con carcajadas tras carcajada. Algún chimbombo chimbombero con duraznos pasando de mano en mano y una cantidad interminable de latas de cerveza. Era una convención de monos. Cada uno en su volada, pero a la vez todos juntos.

Merecíamos tanto ese momento, que después de ese Jardín Botánico, vinieron otros jardines, apañadores de tomateras eternas y dolores de guata de felicidad. 

Después de varias horas de compartasound, y blabla, los curaos odiosos debía migrar a sus calabazas. Y está, esta si que era la odisea de la vida. Llegar al Jardín Botánico no fue nada comparado a la vuelta. 
El amigo vampiro,  que era el único que había llegado en auto, y había tomado tanto como los otros monos, era la única opción. 
Subimos como diez personas en un auto enano. Y el vampiro, era igual o peor a los chóferes rápido y furioso de las micros; pero quizás deba afirmar que definitivamente fue peor, porque bueno... el Vampiro andaba tan curaóh como todos nosotros. 

Volvimos a Valpo sanos y salvo después de tremenda proeza etílica de andar con tantos curaos arriba de un auto, con un chófer curao, y lograr esquivar tantas curvas en el camino así de curaos como ibamos. Aun no recuerdo en que momento llegamos al departamento del Vampiro y seguimos carreteando un rato más. 

Desde ese momento, el Jardín Botánico se convirtió en un lugar de peregrinación etílica que continuamos realizando en algunas ocasiones posteriores y se transformo en un lugar de respeto; porque, desde el momento mismo que alguien mencionaba que iríamos al jardín, todos sabían que nada bueno podría terminar de esa decisión tan valiente. 






lunes, 10 de octubre de 2016

Capítulo 15. Alcohólicos Anónimos

El calor de este tiempo abre en mi vida la temporada de cervezas que solo se ve interrumpida por el frío, porque con lo buena que soy pá tomar y mear, debería beber casi con un plenitud puesto pa poder tomar tranquila.

Ya por estas fechas, me gusta tomarme una, dos, tres, o cuatro cervezas bien heladas, de vez en cuando. Conversadas o a solas. Da igual. Sea un buen o un mal día, una cerveza helada, echada y sin zapatos soluciona todos los males de la vida. 

Y claro, yo que soy una mujer que trata de arreglar todo al final del día, que casi me puse en campaña de relajasound, y esta semana he tomado casi todos los días una cerveza helada para rematar el día de la mejor manera. Esta experiencia es solo comparable a ver películas mamonas en invierno acostada con mi gata comiendo chocolate. Pero, ya estamos fuera de temporada de chocolates mamones. 

Esta semana, sagradamente paso en la noche a una botillería que está en San Martín con Moneda. El amigo ya me conoce, y hasta me destapa la botella. Me la tomo tranqui, con un cigarrito caminado hasta el paradero. Todo piola hasta que el otro día no pase a comprar ahí, sino donde el vecino. Me vine tranqui a beber mi deleite nocturnos y pff mi papá me pilla entrando con mi botella.

Vino un discurso moral, de que él no bebía y que como él no lo hacia yo tampoco debía hacerlo. Después del primer argumento en mi cabeza solo sonaba en bla bla bla derretido de los labios del Pelao. 

Después vino la charla de los alcohólicos, de que tomaba muy seguido, de que ya había empezado de nuevo acaso? Yo solo explote en una carcajada, era pá tanto color digo yo? Si una cerveza no me convierte en alcohólica, ni en delincuente (Bueno, según el Pelao, delincuente ya soy, porque tengo tatuajes.) 
Casi salió de su boca que debía buscar ayuda, que mi vida estaba sin rumbo, y que había vuelto a mis andanzas de Brígida por la vida. En mi mente se escucho algo así como (sí sigues así, yo mismo me encargare de llevarte a alcohólicos anónimos). 
No me considero una mujer borracha, me gusta beber, quizás más seguido de lo que debería. Pero existe alguna tabla que dice cuanto puedo beber? No. Existe algún manual de la buena eduqueishons para saber hasta cuantos litros de cerveza puedo tomar sin ser catalogada de alcohólica?

Busque en el diccionario de la Real Academia Española el significado para poder entender y dice lo siguiente:

Alcohólico (a)
1. adj. Que contiene alcohol
2. adj. Perteneciente o relativo al alcohol
3. adj. Producido por el alcohol
4. adj. Que padece de alcoholismo.

No me decía mucho, osea puedo solo oler el alcohol y ya sería alcohólica porque contengo alcohol? Nada que ver. Quise ser más especifica y busque alcoholismo, que cuando uno lo lee, por lo menos en mi mente oigo las peores enfermedades de la vida, lepra, gonorrea, sífilis, etc, atróh!

Alcoholismo
1. Abuso en el consumo de bebidas alcohólicas
2. Enfermedad ocasionada por el abuso de bebidas alcohólicas, que puede ser aguda, como la embriaguez, o crónica


Y con esto termine de convencerme de que yo no tengo ni una atao con el copete. Porque no hay abuso, y si no hay abuso no hay alcoholismo. Menos mal, porque yo ya me sentía como una niña del SENAME, delincuente juvenil adicta a los derivados del tolueno y que hacia mamones por quina en la esquina.







lunes, 3 de octubre de 2016

Capítulo 14. Parque Acuático

Nunca fui muy buena para enfermarme, pero de chica sufrí ene con el smog santiaguino. Vómitos, mareos era la tónica de siempre que había pre emergencia o emergencia en Shaguito

Mis viejos un poco aburridos de la vida capitalina decidieron emprender el vuelo a otros horizontes y nos fuimos a vivir al campo. Todo un mundo nuevo, para nosotros.
Nos fuimos a vivir a El Monte, que tampoco es taaaan lejos de Santiago. Fue bakan ver como construían la que sería nuestra casa, jugar en el patio gigante con pastizales enormes. Los mejor de todo es que la nueva casa tenía una acequia al fondo con unos sauces enormes. 
Paso el primer año escolar en la escuelita rurals, y se venía el verano y con ello las vacaciones. 
Habíamos hecho un columpio en el sauce, que era de lo más bakano y extremo de todo el universo. Y como siempre fuimos curiosos y creativos, pasamos ese verano a patá peláh, corriendo, embarrados, concentrados en la construcción de nuestro imperio al lado del sauce y nuestro columpio. Un par de tablones, y sobre todo, mucha imaginación nos ayudaron a pasar  (creo) uno de los veranos más bakanes.

La construcción de nuestro imperio, no solo fue disfrutadas en exceso por nosotros, los monarcas y creadores de ese universo de juegos. Nuestros vecinos, eran participes de nuestras creaciones, y podíamos pasar casi todo el día arriba de las tablas; sentados con las patas en el agua. O esperando el turno de quien le tocaba columpiarse un rato. 


Pasábamos todo el día metidos en la acequia; arriba del columpio. Escalando como los monos los árboles; cazando saltamontes; comiendo damasco y tirándonos los cuescos; comiendo sandia y haciendo metralletas con pepas y escupos. Corriendo a pata pelah por el maicillo sin quejarnos; mirando las estrellas en la noche acostados de espalda en la terraza. Haciendo paseos al cerro; o caminatas a la vertiente; nuestras excursiones en bicicleta.

Creo que jamás saboreé tanto la libertad como en aquel verano. Un libertad genuina, con unas ansías voraces de devorarnos el mundo, de creer que eramos capaces de construir imperios con un par de tablas. De ser felices con tan poco. De lanzarnos a creer en nosotros sin miedo. 








lunes, 29 de agosto de 2016

Capítulo 13. Huacha Loca

Mi madre siempre ha dicho que soy loca. Siempre fui media Juana Tres Cocos pa mis cosas, y  con justa razón, mis compañeros de juegos eran mis dos hermanos mayores y un primo él cual siempre me sacaba la shusha. 
En mis primeros años no jugué ni a las tacitas ni a las muñecas. Jugaba a las bolitas, a tirarnos cerro abajo arriba de un skate, a la lucha libre, a tirar elásticos desde el balcón de Alonso Ovalle ( a veces lanzábamos escupos ) y un sinfín de juegos bien amachados para la señorita de la casa. 

A mis tiernos cuatro añitos, el juego consistía en lo siguiente; poner un skate sentarse y lanzarse cerro abajo, todo suena muy simple. Como era un juego muy de machos mis hermanos que lo hacían siempre, nunca me dejaban subirme. Hasta que un día los webie tanto, pero tanto tanto, que me dejaron. 

A pesar de estar muerta de miedo me subí igual; no hacerlo hubiese similar a firmar un acta de declaración de no jugar más o ser excluida para siempre de todos los juegos de la vida, debía ser valiente. Pero siempre he sido media torpe, y mi miedo camuflado en valentía presentía lo que pasaría. Pero tenia mis tres cocos bien puestos y me senté en el skate mientras me afirmaban para no salir dispara cerro abajo antes de tiempo; realizaron la pregunta de rigor (estás lista?) y sin alcanzar a responder ya iba bajando con el cuerpo llevo de adrenalina y con el pelo al viento. Aunque el viaje no duro tanto, como me hubiese gustado. Porque como dice la canción abro comillas "una piedra en el camino, me enseño que me destino, era rodar y rodar" Aunque no rodé sobre el skate porque una puta piedra se atravesó. Salí disparada volando por los aires en una maniobra jamás antes vista...y rodé por el piso después de que mi cabeza aterrizara con otra piedra y me hiciera un corte en la cabeza. 
Una vecina me llevo como pudo a mi casa, yo sangrando y chillando como un chancho en el matadero. Mi tía, me recibió y me limpio la sangre. Y yo lloraba y lloraba. 
Termine con tres o cuatro puntos sin anestesia. Yo pataleando arriba de la camilla mientras me suturaban mi herida de guerra. Regrese a casa con un parche en la cabeza, recibida casi con honores por la valentía de realizar tal hazaña. 
Al tiempo después se puso de moda la lucha libre, así que los combos, las llaves y los súper ataques con llaves eran frecuentes, tuve los mejores maestros de defensa personal: mis hermanos. Aprendí que mis puntetes eran decisivos al momento de finiquitar una pelea en la que yo por supuesto, iba perdiendo.
Ya más grandes dimos con un tesoro que tenía mi papá, una bolsa de supermercado llena de elásticos. Creo que estuvimos un año completo tirando de nuestro balcón elásticos a los Pullman de San Bernardo. Teníamos diferentes puntuaciones, si caía en el techo de la micro; si caía dentro de la micro, etc. Mis hermanos que eran mas cochinos que yo, tiraban escupos. Particularmente los escupos no se me dieron muy bien porque siempre terminaba babeada. Así que desistí de la idea de los escupitajos a las micros.

Luego llego la pubertá y arruino todo nuestro imperio de cosas bakanas que hacíamos, porque ya eramos más grandes y no era apropiado ni tirar elásticos, ni escupos, ni la lucha libre. Ya habíamos dejado de ser niños.

viernes, 19 de agosto de 2016

Capítulo 12. La percusionista.

De mi paso por la escuelita rurals quedaron muchos recuerdos. Unos buenos, otros muy malos, y otros que recuerdo con alegría y un gozo en el alma (grande) como fue mi paso por el grupito de folclore.

A parte de estar literalmente entre medio de las vacas; la escuelita rurals, fue un periodo de maduración de mi vida a pesar de lo chica que era. Fue un cambio de vida rotundo. Uno de esos cambios fue pertenecer al grupito de folclore y es algo que recuerdo con gracia. 

Creo que siempre he sido un ser disperso, con unas ganas voraces de conocer todo o de todo un poco, y la verdad, no recuerdo como mierda fui a dar al famoso grupito. Tocaba el triangulo, el bombo y el pandero (que toque afanada creyéndome evangélica), no lo ultimo no, pero era metódica. 
Hacer percusión siempre ha sido muy mal valorado por el resto del mundo, incluyéndome. Mil veces será mas bakano el de la batería o el bajo, por sobre un percusionista. Nadie sabe lo complejo que es mantener un sonido sin que los otros sonidos del universo te interrumpan para no perder el ritmo. Pero como yo siempre  he tenido mas ritmo que curao bailando cumbia, caí paradita después de hacer un salto triple mortal en el grupo de folclore. 

Pero mi historia tocando el pandero, el triangulo y el bombo no termina ahí. Tuvimos una presentación artística the rials, en la ya inexistente FISA, que estaba en Camino Melipilla. 
Y ahí estábamos, los niñitos de la escuela rurals mostrando nuestro talento al publico. Que no eran más personas que los papas que nos acompañaron a la presentación (incluyendo a mi madre). Fue un fiasco ahora que lo analizo, pero en esos momentos de adrenalina, yo me creía punk como Kel Calderón, no mentira. Con el tiempo, y después de dejar la escuelita rurals supe que lo mio quizás no era la percusión, tenía mas dotes haciendo africanos que tocando el pandero. 





miércoles, 27 de julio de 2016

Capítulo 11. Palabrotas.

Continuamente (si es que no es a diario) escucho a mi mamá decir: "Puedes hablar con menos garabatos", "para eso gastamos tanta plata con tu papá educándote?" bla bla bla. 

La verdad verdadera, es que no se en que momento de mi vida me volví en un engendro garabatero y bueno para las shushadas. Lo peor de todo, es que me gusta decir garabatos, la palabra soez, la cosa coshina, el doble sentido; no lo puedo evitar. 
A raíz de esto he realizado un análisis profundo de porque, porque me convertí en lo que soy ahora: un ser con la mente podrida y el hocico de alcantarilla (como suele decirme a veces con un tono de amor maternal inconfundible mi madre).


Bien; mi entorno más cercano son hombres; desde siempre, desde que soy chica, siempre me he juntado con muchos hombres, y esto es bien sencillo: porque tengo puros hermanos. 

Mi mamá que se ha caracterizado toda la vida por ser una mujer super práctica (era de ser no ? Teniendo hijos con dos o tres años de diferencia, no estaba pa más encima andarse calentando la cabeza) decidió que mi atuendo perfecto sería jardinera y bototos. Pero no solo por un tema practico, sino porque de chica fui una guasha loca, terrible loca. Andaba arriba de los arboles, me tiraba en skate cerro abajo (lo que en una oportunidad me dejo con un tajo en la cabeza y con puntos sin anestesia.), y porque obvio, no tenia amigas, me juntaba con puros niños y ese atuendo me permitía moverme con libertad sin tener que andarme tapando los calzones al trepar los arboles o cuando jugaba a las bolitas o a la pelota. Permitía que jugara a la par con mis hermanos. 

Destaco de sobre manera mi primer mundillo porque de ahí pa delante comienza esta bola de nieve. en la que termino con el engendro que soy hoy. Pero vamos con calma. Mi madre, mujer visionaria, cacho en lo que me estaba convirtiendo, algo así como una especie de marimasho, a lo que todo el mundo llama y conoce comúnmente como una Juana Tres Cocos y decidió que yo debía interactuar con más niñas, relacionarme con mujeres, haber si se me pegaba en algo lo señorita. Me metió a prekinder, en el mismo colegio donde estaban mis otros dos hermanos mayores. 

El colegio mixto no se si ayudo en algo, porque me seguí juntando con hombres.La escuelita rurals, no hizo nada más que perder todo el avance que mi madre había logrado en cuatro años de lograr que fuera menos Juana Tres Cocos. Volví a la libertad, a andar a pata pelada todo el día, bañarnos en la acequia durante el verano. Me volví un mono. Dos años bastaron para volver a estudiar a mi antiguo colegio, con mis antiguos compañeros.Tres años bastaron para decidir, que no haría ni cagando la media con hombres. Tenia compañeros tan aweonaos. Me tenían chata. Odiaba a los hombres. Lo terrible de odiarlos, era que ellos (los hombres) habían sido mis partners de todo lo que llevaba de vida en este mundo, todo porque en esa etapa de la vida los hombre son muy requetecontra aweonaos.

Debía buscar colegio y esa fue la única condición que le pedí a mi mamá, por favor que no sea mixto. Y solo postule a uno, con el nombre más santo -cristiano - católico - apostólico - romano  de todos. 
En mi adolescencia perna y nerd, termine de desarrollarme, y convertirme en algo menos engendro. No decía garabatos, no tomaba, no fumaba, no perriaba hasta abajo. No nada. Me convertí en lo mas parecido a una señorita, pero vino la nación del fuego y ataco mi vida justo en los momentos en que yo ya estaba encarrilada en el sendero del señor. Conocí las botillerías y de paso mi primer amor: la cerveza. Es aquí, donde me separo del camino de don Jeshú, porque el multiplicaba el vino, no la cerveza, y a mi en esos años no me gustaba el vino como me gusta ahora. 

Comencé a estudiar en Valpo. Valpo po, Como no quería que me descarrilara con semejante tentación. Donde podía beber desde las once de la mañana, donde había hora feliz (realmente feliz) y te vendían el copete al costo. Y fue en ese entonces donde comencé con la Mala Praxis in mai laif. Empece a fumar, a tomar y conocí a una amiga que no hila ni una sola frase sin una shushada entremedio. Fue entonces cuando a la Conífera se le soltaron las trenzas, y se lanzo a la vida. Bueno, en paralelo mis hermanos, seres de la mente sucia y perversa, fueron quienes me guiaron para que nadie me viera la cara, para defenderme de las tallas cochinas de los hombres (otros hombres) y comenzaron a interiorizarme en este mundillo del doble sentido. Y debo decir con orgullo que fui una alumna aventajada. Aprendí a responder las tallas dobles sentidos que ellos me decían o las ordinarieces . 
Han visto alguna vez la cara que pone un hombre cuando una mujer le responde con algo peor a la ordinariez que ellos dijeron? Loco he acumulado en mi cabeza, mil imágenes de rostros masculinos descompuestos a escuchar tales bellas palabras salir de mi boca, para posterior, venir un silencio absoluto y una carcajada mía diciendo: "yo te lo dije, te voy a responder algo peor" 
Después vino la vida laboral. Yo mujer de la risa sutil, la talla cochina y las respuestas veloces cayo parada en una obra llena de maestro piropeadores. Mis primeros partners y de los que aprendí un montón fueron los pintores. Los hombres buenos pal piropo bonito oyeee. Y yo que aprendí a no quedarme callada siempre les respondía con algo que ellos (hombre de experiencia) no esperaban. Debo reconocer que aprendí cosas peores.
Ya a estas alturas de la vida, con un cumulo de experiencias, me adecuo a los ambientes. No se si a toda la gente le pasara, pero por ejemplo, si me toca ir a un lugar donde todos son medios flaites, me pongo media flaite. Si me toca estar en un lugar mas pituqui, me comporto de mejor manera (guardando todos los chistes que tengo) Hay oportunidades, en las que de verdad vuelvo a ser la perna- nerd del colegio y me comporto; y en otras ocasiones, hablo puras ordinarieces. Me adecuo a las situaciones y circunstancias y de la gente con la que este en ese momento. 

Siempre he asumido, que no fue culpa ni de mis papás, ni del colegio de monjas, ni la escuela rurals, ni los maestros de la contru; ni de nadie el gusto que tengo por las shushadas! Supongo que es algo así como un gusto adquirido. Así mismo como aprendí que el vino era rico con el paso del tiempo; así mismo fue como me fui por este camino de los ordinario y vulgar de las palabras. Y debo asumir (perdón mamita, se que esto no es tu culpa) que me gusta decir ordinarieces y me gusta la talla doble sentido.