sábado, 6 de junio de 2020

Capítulo 36. Inevitablemente rota

Cuando los días duelen, me quedo en cama, durmiendo a ratos y deseando despertar. 
La sensación de dolor intensa es mitigada por el anhelo de despertar del mal sueño. Llevo años sintiendo esa sensación de letargo y agonía. Creo que llevo años intentando despertar. 

En los tiempos en que mi mamá aún vivía, todo era más fácil. Me escabullía en su cama y la vida se reiniciaba. No importaba que tanto doliera, que tan terrible fuera o cuantos problemas tuviera, siempre estaba ella y su cama que me acurrucaba de todo y todos.
Ella ya no esta. 

Llevo mucho tiempo perdida, a ratos vacía e inevitablemente rota. 
Ya no me siento. 
Estoy expuesta, malherida, adormecida. 
El dolor se afana en dejarme sin aire, ahogándome, aturdiendome. 
Lloró, es inevitable. A veces llega sin aviso, me invade, tiemblo. 
Me encierro. Es mi manera de mantener el dolor contenido y de evitar los coletazos de mi dolor en otros, porque se como es. Sé como soy. 





viernes, 14 de junio de 2019

Capítulo 35. Desechable.

Los guardias decían que debíamos salir de la estación y en los altoparlantes no se lograba entender qué mierda pasaba. 
Ví a mucha gente corriendo a lo largo del andén; guardias, seguridad, personal con equipo de rescate. El metro estaba sin energía y con las puertas bloqueadas, los pasajeros estaban adentro. 

Logré escuchar a un vigilante que alguien había caído a las líneas.
Sentí una angustia tan profunda que no podía respirar, me empecé a ahogar, a desesperar. Necesitaba salir y yo no entendía porque la gente no quería salir. Todos se acercaban a mirar. Yo seguía sin entender. 

Alguien había muerto y escuche comentarios tan indolentes; algunos se reían porque alguien se había tirado al metro, otros reclamaban un puto boleto de metro, un boleto por la shusha, en serio? Weón se murió alguien y en serio estaí pensando en un puto boleto de metro. Sentí impotencia, pena, angustia.
Intenté calmarme respirando, pero no lograba sacar el aire. Subí las escaleras desorientada, ahogada. Los cabros me siguieron.

Salí a la esquina de Catedral con San Martín, donde se encuentra la escalera del metro San Ana. Me llevé las manos a la panza, aún no lograba sacar el aire. Intenté calmarme sobando la panza en círculos, como me enseñó mi mamá y de la nada comencé a llorar con una pena tan grande. Sentí tanto dolor. 
Seguí ahogada un rato más, llorando. Logré calmarme un poco y comencé a respirar mejor, pero seguí llorando mucho rato después.

Se me acercó una mujer, no sé de qué edad porque yo estaba agachada; me ofreció un pañuelo y me pregunto que si estaba bien. 
Seguí llorando ahogada y le respondí que no se preocupara que estaba bien. En lo único que pensaba era que necesitaba respirar y calmarme porque estaba en plena crisis de pánico y debía contenerme; necesitaba concentrarme en respirar para poder calmarme. 
De la nada me pregunta si acaso vi el cuerpo o si vi algo. Solo atiné a mover la cabeza asqueada con su insensibilidad. Seguí llorando, y en lo único que pensé fue: mundo culiaó en el que vivo; preocupados que les devolvieran un pasaje, de reírse, de mirar, de grabar, de tomar fotos; había alguien muerto y a nadie parecía importarle. 
Los cabros me apañaron todo el rato, dándome el espacio necesario para poder calmarme y contenerme cuando ya había logrado asimilar que me provocó la angustia y la crisis. 

Caminamos un rato, las lágrimas me caían solas. Me limpie la cara varias veces. Escuché las sirenas de los bomberos y la gente en vez de dejarlos pasar, seguían cruzando la calle. Seguí pensando que eran todos un montón de culiaos de mierda. 


viernes, 29 de marzo de 2019

Capítulo 34. Nosotros

Él no tenía nada claro.
Yo no tenía nada claro.
Ninguno de los dos tenía resuelta la vida. Para ambos la vida era un poco caótica, dispersa y aproblemada. La vida adulta era un fiasco profundo. 

A veces nos acompañamos; a ratos, de lejos o de cerca. Nos vemos días seguidos o desaparecemos semanas completas. Hablábamos poco y a ratos hablamos mucho. Nos acercamos y nos alejamos como las olas en la arena. A veces ambos nos preocupamos, otras no.

El tiempo ha sido un vaivén extraño en nuestras vidas. Nos junta y nos separa, como sí todo esto fuera un ciclo. Como si nos quedara siempre algo pendiente. 
Así han pasado los años, la vida. Siempre me pregunto si realmente tenemos algo pendiente; o él o yo o ambos somos tan cobardes de no hacer nada por saber que sucede. 

Es una relación ambigua, ninguno de los dos sabe que piensa o siente el otro. Ambos tenemos corazas y ninguno las quiere romper. Quizás por temor a perder lo que tenemos, pero que tenemos? Un vínculo, un lazo, un afecto escondido que ninguno quiere reconocer. 
Hemos sido temerosos y no hemos aprendido nada en todos estos años. Seguimos separados y juntos. Seguimos siendo cobardes a nuestra manera, pero preferimos eso a nada. Acaso nos resignamos a eso para no sufrir, ni comprometernos. Porque al final a nuestra manera, nosotros nos seguimos teniendo, a pesar de todo y nada a la vez. Seguimos siendo nosotros aunque ni tú ni yo lo reconozcamos. 

domingo, 25 de noviembre de 2018

Capítulo 33. Dos años

25 de noviembre del 2016. Santiago. 19:40 horas.
El cuerpo agotado de mi mamá dejo de luchar.

Los setecientos treinta días posteriores a la pérdida han sido agotadores.
Han sido los tiempos más duros que me ha tocado vivir. Pienso en ella cada día. Me hace tanta falta. La extraño. 
He despertado llorando cada vez que logro soñar con ella.
Me cuesta entender como el tiempo ha pasado tan rápido, como han pasado dos años desde que ya no esta.

Cuesta entender el dolor de perder a alguien cuando uno no lo ha vivido, para explicarlo de manera sencilla: es uno de los dolores más grande que uno puede experimentar. 
La gente siempre dice que uno aprende a vivir con el dolor, que con el tiempo duele menos. Que uno tiene que seguir adelante. Y todo ese discurso bonito de positivismo de mierda, pero ellos jamás entenderán lo que es lidiar con algo que no han vivido.

Yo aún no encuentro la formula para que duela menos. 
Sigo lidiando con aprender día a día a vivir con el dolor. Duele y sigue doliendo como hace dos años. Sigo sintiendo el pecho oprimido. Sigo sintiendo que el dolor es tan grande que no puedo respirar. Sigo llorando escondida. Sigo oliendo su ropa cuando lo único que necesito es un abrazo de ella. 

La pienso cada día. Recuerdo que siempre que el Antonio viajaba al sur dormía con ella. Extraño algo que era tan cotidiano como dormir abrazadas. Extraño escuchar "ya llego la tarro con piedras", escuchar su voz, su olor, ir a Ravera a comer pizza tradicional, ver La Fiera a la hora de almuerzo, su risa, su carcajada de bruja, sus apreciaciones tan asertivas.

No ha dejado de doler ni un poquito, me sigues haciendo falta mamá tejona. Me seguirás haciendo falta sin importar cuanto tiempo haya pasado, así pasen diez o veinte años, seguirá doliendo como hace dos años atrás.














   







domingo, 14 de octubre de 2018

Capítulo 32. La decisión más difícil

Antes de mi último viaje, me fui con miedo. Miedo a que no esperara a que volviera. Miedo a estar lejos. Miedo a dejarla partir.

La Funny, llego a mi vida de una manera muy bella. Me la regalaron en el colegio unas compañeras después de haber perdido a Andy Panda.

Pequeña, de pelo negro, con una alegría y amor inigualable, desmesurado y sin restricciones. Así llegó a mi vida la negrita, una de mis perritas. 

He visto como su hocico se lleno de canas, como ha ido perdiendo el olfato y la vista. Como se ha ido deteriorando con el paso de los años y como su cuerpo se ha ido apagando de a poco.

Decidir que hacer es terriblemente doloroso. Prolongar su vida, con sufrimiento de por medio o ayudarla para que su tránsito por este mundo sea de la manera menos dolorosa posible.
Opte por dejar mi egoísmo de lado y decidí una muerte asistida para la que ha sido mi compañera por más de trece años.
La negra siempre fue pura felicidad y puro amor, dejarla partir significo tener el valor suficiente para tomar la decisión más difícil que uno puede tomar en esta vida.

Ayer después de trece años con un mes y tres días de habernos acompañados, la negrita partió acompañada de su familia, con plena tranquilidad. 
Yo me quede con la pena de haberla perdido, pero con la calma y la paz que fue lo mejor para ella.


10 de Septiembre del 2005 - 13 de Octubre del 2018


sábado, 21 de julio de 2018

Capítulo 31. Evelyn

El último tiempo he intentado componer la vida, continuar y no porque haya sido una opción, sino más bien porque era lo que tenía que hacer. El trabajo, las clases, me mantuvo ocupada evadiendo lo inevitable: la pérdida, el duelo, la pena.
Hace muy poco terminé mi último semestre y claro, la vida ya no parecía tan ajetreada como antes. Comencé a dormir de manera decente, a estar tiempo con mi familia, a despertar sin alarma. Ya no había que seguir evadiendo, ahora me tocaba enfrentar lo inminente: mis emociones, mi duelo, mi pena, mis muertos.
La catarsis fue ineludible e impostergable para intentar componer mi vida después de perderla.

Evelyn, no solo es mi segundo nombre, es también el segundo nombre de mi madre y por el que le gustaba que la llamaran. Hace casi un año y ocho meses que mi mamá falleció y yo he eludido darme el tiempo de vivir mi duelo. Es fuerte, es duro, pero debo hacerlo.

Mi madre se caso joven con Antonio, mi padre. Tuvo cuatro hijos y alcanzo a conocer dos de sus nietas. Fue una mujer que me enseño el valor y amor por la familia, conciliadora y amorosa. Se que no pude haber crecido con más amor y entrega y lo agradezco infinitamente.

De ella heredé un sinfín de cualidades, incluso a pesar de nuestras diferencias y caracteres tan distintos y a veces incluso opuestos.  Heredé la curiosidad por experimentar en una infinidad de cosas. Me enseño a tejer y bordar, aunque nunca logró que aprendiera crochet. Compartimos gustos literarios y musicales, el gusto por las exposiciones y el arte. Continuó la tradición de ir a comer pizza tradicional al Portal Fernandez Concha, así como lo hizo mi Tata con ella.  

Siempre admire su capacidad de amarnos, de estar siempre con las palabras precisas y adecuadas, de apañarnos y apoyarnos incondicionalmente. 
Recuerdo que antes de entrar al colegio me enseñó a escribir mi nombre y para evitar el bullying en mi etapa preescolar por mi nulo pronunciamiento de la erre, estuvo ese verano enseñándome como debía generar el sonido para no decir pedo en vez de perro o dosa en vez de rosa.
Mi madre, no sabía nadar, y tenía un pánico terrible de que nos pasara algo y ella no pudiera ayudarnos, fue así como decidió inscribirnos a clases de natación durante un verano junto a mis hermanos mayores. Siempre fue tan precavida y preocupada. 
Amaba las flores sobretodo las perennes, porque tienen flores todo el año. Amaba los geranios y los clarines. 
Cuando nos fuimos a vivir a El Monte, pasamos muchas noches con las luces de la casa apagadas, recostados en la terraza para contemplar las estrellas y el sonido de los grillos. 
Después de perder a mis abuelos maternos, mi madre enfermó. La pena y el cansancio hicieron estragos en su cuerpo, que cada día se hizo más frágil. Pasó varios meses hospitalizada hasta que logró salir adelante y volvió a casa para lo que serían sus últimos meses con nosotros. Fue tan generosa que hasta en eso fue precavida, nos regalo tiempo, tiempo con ella hasta su última hospitalización de la que no volvería a casa. 
Un 25 de Noviembre, llegó a mi casa una patrulla de Carabineros, para decirme que mi mamá había tenido un accidente y estaba hospitalizada. Después de eso, mi corazón ya sabía lo que pasaba, pero me negaba a creerlo, era imposible lo del accidente, porque llevaba hospitalizada un par de semanas. Quizás llamaron del hospital, y como nadie respondió el teléfono mandaron una patrulla para que nos avisaran, no lo sé. Mi papá venía viajando desde el sur y yo estaba con bebé, mi hermano menor. Ambos supimos lo que pasaba y le avise a mi papá que saldríamos pero que volveríamos pronto. No podía decirle lo que mi corazón sentía, que mi mamá ya no estaba. 
Fue el viaje más angustiante. Llegamos corriendo y esperamos al doctor en una sala, solos con bebé, sentados juntos. La cara del doctor lo dijo todo antes de que abriera la boca. Mi mamá había hecho un paro cardiorrespiratorio, del que su cuerpo cansado de luchar no logró salir. Evelyn, mi madre había fallecido. Salí de la sala con bebé de la mano, cerramos la puerta y solté el llanto contenido, nos abrazamos y supe que tendría que ser yo la que les avisara a mis hermanos, a mi papá. 
Llamé a Jorge, mi hermano mayor. Fue al primero que llamé, no podía darle esa noticia a mi papá por teléfono. Como le decía a mi papá que su compañera de toda la vida ya no estaba. No me sentía capaz de decírselo, le pedí que me ayudara a contener a mi papá. 
Mi otro hermano estaba en Iquique. Lo llamé muchas veces. No contestaba. Cuando logré comunicarme no había alcanzado a contestar y el ya sabía lo que tenía que decirle. Escuche sus gritos y su llanto por teléfono, no podía abrazarlo, no podía contenerlo. Solo le pedí que volviera a casa, que lo necesitaba. Viajo al otro día en el primer vuelo a Santiago.
Tomamos un taxi con bebé llorando, acompañándonos en el viaje más eterno de regreso a casa. Yo esperaba que Jorge estuviera en casa, pero no fue así. Abrí la puerta y mi papá ya había llegado, no podía disimular mis ojos hinchados de tanto llorar y no podía esperar a Jorge. Me senté en la cama al lado de mi viejo y le dije que mi mamá había muerto. Llanto, gritos, pena, dolor. Nos abrazamos. Supe en ese momento, que debería ser yo la que debía avisarle al resto de la familia, mi papá no estaba en condiciones de nada.
Llamé a mi tío y mi tía. Les avise a mis amigos, que llegaron en menos de diez minutos a mi casa, porque estaban al tanto del frágil estado de salud de mi mamá.
Esa misma noche, fuimos con Jorge y Antonio, ha hacer los trámites a la funeraria. No recuerdo en que momento llego mi tía, mi tío, mis primos. 
Escogí la ropa con la que vestiríamos a mi mamá. Fui con mi tía y Jorge a buscarla. 
Tengo cosas tan grabadas en mi mente, y el sentimiento de cuidar y proteger a mi papá, y que no fuera él, el que tuviera que pasar por todo esto, que preferí ser yo la que tuviera que lidiar con ciertas cosas y no él.
Estuvimos juntos, aclanados como siempre. No comí ni dormí mucho ese fin de semana, ni los días posteriores al funeral de mi madre. No fui a trabajar durante la semana siguiente, tampoco a clases. Me encerré con mis hombrecitos, debíamos reunir fuerzas para seguir. 

Hace algunas semanas atrás me propuse intentar terminar los proyectos que dejo inconclusos mi madre, como una manera de acercarme a ella y a lo que sus manos no lograron terminar. 
Llevó algunos días con mucha pena, llorando desconsoladamente en silencio, junto a la Sofía, mi hija gata. A sido mi manera de liberar la pena. No me he controlado, he dejado que mi cuerpo exprese con plena libertad todo lo que llevo cargando durante los últimos años. Sé que mi dolor y mi pena no desaparecerán nunca, pero debo entenderlo para poder aprender a vivir con ello.














martes, 13 de marzo de 2018

Capítulo 30. Las piedras

Reflexionaba durante estos días de pajerismo/laboral/practicante sobre ese afán que tenemos los humanos de tropezar con la misma piedra una y otra y otra vez. 
Bueno quizás no son todos; quizás soy solo yo, y saben lo peor de todo es que, como que me anduve encariñando con ellas y es BRÍ GI DO!
(y en mi cabeza suena: tropecé de nuevo con la misma piedra la canto con la manito en la oreja, entrecerrando los ojos, ladeando la cabeza mientras intento sonar afinada

Me cuesta una cantidá soltar después de algún episodio de decepción/tristeza. Yo me pregunto, no debería ser más fácil acaso? Pero bueno, nací porfiada y terca como una mula, y para mí no es para nada de fácil. Soy muy géminis pa mis weás por la shusha. Soy una perra tan sentimental, me las sufró todas, lloró hasta cansarme, después de eso viene la calma. Claro a ratos. 

Saben que es lo peor de encariñarse con las piedras, que uno perdona una y otra vez y es así como la gente se acostumbra a hacerte daño y es porque uno les permite que tengan ese poder sobre uno. 
Porque mierda, si sé que algo me hace mal, sigo intentando hasta el cansancio, aunque claro eso no es siempre así. A veces intento que las cosas resulten de buena forma, pero en otras ocasiones y eso depende de la luna, las estrellas y los cometas, mis niveles de paciencia son superados y mando todo a la shusha sin pensarlo mucho.

Seré sincera, soy una persona que da muchas oportunidades antes de dejar de perdonar a la gente que me hace daño, lo que ha sido nefasto en cuanto a el desgaste emocional que esto me ha provocado. 
No he tenido tantos amores, pero los que han existido, han sido como tener a los guionista de alguna teleserie mexicana llena de milagros; con ciegos que vuelven a ver, pobres que eran ricos, lisiados que caminan y claro, yo aún no he visto ninguno de esos milagros en mai laif, pero han tenido harto drama, llanto, peleas, reconciliaciones y términos desafortunados.

Aún no aprendo a que hay que desprenderse de esos amores tan funestos y dolorosos. No se que habré hecho en mis vidas pasadas, pero en está me ha tocado arreglar todas las cagás que tuve en mis mil vidas pasadas, no me explico de otra forma tanto infortunio en una sola persona.

Supongo que los años (espero tatita Dioh), me darán la capacidad de dejar el suelo al que me aferro cada cierto tiempo cuando me suceden esta clase de desgracias y aprenda a limpiarme las rodillas y pararme con mayor velocidad para no encariñarme con las piedras nuevamente.




martes, 6 de marzo de 2018

Capítulo 29. El amor

Se me arranco un suspiro e inmediatamente una arcada y un dolor estomacal profundo con el sólo hecho de pensar en el amorsh. 
Y es que, sí, amar ya es un desafío. No hay nada más complejo que las relaciones humanas, pero a eso sumémosle la cantidá de estímulos visuales (como diría Yayo, del Cuarteto Obrero) a los que se está expuesto estando en pareja. 

Personalmente,a pesar de haber tenido un par de relaciones importantes en mi vida, no me considero para nada la doctora corasaund. Es más sería un desastre, porque bueno, ya lo soy un poco. 

Me han pateado siempre, no se si eso será bueno o no, o un patrón quizás. Siempre he quedado con la sensación de decepción después del quiebre. Me cuestiono todo. Lloró como si el mundo se fuera a acabar, para volver nuevamente a la calma. 
Quizás nuevamente me retire de las pistas de aterrizaje del amor, porque hace unos meses atrás me volvieron a patear, algo con más escándalo y drama que "Lo que el viento se llevo"

No niego que en parte mis decepciones amorosas han llevado que sea este engendro tan incrédulo con la posibilidad de estar en pareja, y eso se replica en mis no ganas de familia, y bueno de guaguas. 

Abandone hace varios años atrás (después de mi ruptura/quiebre/término de una relación muy larga que tuve) la idea romántica del amor, para creer en una versión proyectada de mis errores en mi relación con el amor y crear una nueva versión más realista de lo que sería el love para mí. Aunque debo aclarar, a pesar de haber cambiado mi modus operandi, no dio mucho resultado en mi última relación, quizás por otros motivos. 

Abandone los planes y las proyecciones; y procure vivir el día a día. Bueno me detendré aquí, porque esta decisión nació después de perder a gran parte de mi familia de manera progresiva los últimos años, decidí vivir el día a día y no hacer planes a largo plazo. Esto lo replique para mis relaciones amorosas también. 
A pesar de no creer mucho en la factibilidad del amor a largo plazo, no ha significado que no crea en el amor. Tengo amigos y amigas, que aún me dan algo de esperanza en quizás volver a creer en la entrega absoluta a otra persona. 
Mientras tanto, yo seguiré amando el aire en mi cara al momento de andar en bicicleta volada. Seguiré amando ver a mi gata dormir en mi cama. Amare reírme hasta que el ataque de tos awelo senil me ahogue y casi me deje sin aliento. Amaré pasar tiempo con quienes amo. Seguiré amando otras cosas que me permitan amar de una manera diferente al amor de pareja.
Bueno, eso es lo que me queda, amar. Amar sin miedo al dolor, sin prohibiciones, sin privarse de entregarse por completo, aunque exista la posibilidad de salir lastimado una y otra vez. Por el momento sigo recomponiendo mi corazón y saben con que? Con más amor. 
Las chicas superpoderosas fueron y cantaron un himno al amor, y es cierto, para quien perdió las esperanzas, debería escucharla.










jueves, 1 de marzo de 2018

Capítulo 28. Maternidá

Hace unas semanas atrás falleció la mamá del Antonio, mi papá. Para que puedan entender porque la describo así es porque jamás tuve ningún tipo de vínculo afectivo con mi familia paterna y bueno dadas las circunstancias de dicho episodio acompañe a mi papá al velorio y el funeral. 

Como nadie me conocía, tuve que contar un resumen de mis casi  tres décadas de vida a cada persona que mi papá me presento como la que era su familia, y bueno también era mía. 

Los diálogos partían algo así como: "Hola soy Constanza... bla bla bla!" Después con un dejo de molestia mi monólogo de transformo en un "Hola soy Coni, la tercera hija de Antonio, nadie nos conoce porque somos la familia exiliada por su propia familia" A eso le sumamos sus caras de preguntas y comenzaron sin timidez a preguntar: y que hace?, que edad tiene?, esta soltera?, tiene hijos? 

Soooo guattt!!! Grito mi yo interior. Todos me preguntaron si tenía hijos, si acaso pensaba en tenerlos o si no tenía planes de tenerlos. Como no los tengo, y quizás un poco molesta porque me lo preguntaron una y otra y otra vez, mi respuesta paso de ser un "no, no tengo hijos ja ja ja" a un "si, tengo una gata que es como mi hija y se llama Sofía". (Risas)

Claramente después comprendí porque tanta preocupación por los hijos, si tendría o sí no. Solo tuve que mirar a todas las sobrinas de mí papá y las que serían mis primas, que tienen la misma edad mía, y claro todas tienen hijos. Lo que está super bien. 
Lo que está super mal fue la presión social con la que sentí todos estaban juzgando mi envejecimiento uterino. 

Fue heavy y bueno lo sigue siendo un poco, porque desde ese episodio el Antonio enloqueció un poco. Sí, mi papi no se si será por todo lo que hemos pasado o que, pero lleva semanas hablándome de guaguas, pañales, coches, embarazadas, y bla bla bla. 
Papi no pierdas la cabeza en situaciones que ni yo que soy la dueña de mi vida tengo el control, no pierdas la cabeza como el resto de la gente que anda pendiente de cuando andaré preñá, porque eso no le incumbe a nadie más que a mí, mucho menos le incumbe a un montón de parientes desaparecidos. 

Y al resto de la gente, agregue a sus preguntas que no debe hacerle jamás a otra gente sobre guaguas, tatuajes, orientación sexual y todo lo que respecte a las decisiones íntimas y personales que cada quien toda de su vida, porque por su puesto ES SU VIDA. 








jueves, 22 de febrero de 2018

Capítulo 27. La crisis

Esta es mi vía de escape. 
Hace algunos años decidí comenzar a escribir mi vida como una manera sencilla de liberarme y a pesar de que lo intento cada día, existen cosas de las que no puedo liberarme aún con el pasar del tiempo. 
Aunque no son sólo cosas, hay sentimientos, emociones, situaciones y una infinidad de cataclismos y explosiones internas que han hecho que me convierta en lo que soy hoy.
Pero que soy? Soy la explosión. Soy el desastre. Soy el caos. Soy la pena. Soy el rearme constante después de la tragedia, porque es eso en lo que me he convertido el último tiempo, en un completo y absoluto desastre. 

Mis últimos años han sido horribles en ámbitos emocionales y a sido ese cúmulo de situaciones, pérdidas y evasión drogadicta que me ha llevado a estar. Sólo a estar. Simplemente sobrevivir, pero no se sí realmente quiero sólo sobrevivir, acaso la vida es sólo esto que me toco vivir? 
Una infinidad de veces me han dicho, que tengo que estar bien, que debo seguir adelante, pero nadie sabe lo que es lidiar con tanto. Llevo tanto tiempo bailando con la fea, que ya simplemente no quiero más. Me aburrí que me digan que debo intentar. Acaso ya no lo he intentado lo suficiente? Estoy agotada de seguir intentándolo siempre.

Llevo ya dos días en cama, encerrada en mi pieza, durmiendo a ratos, sintiéndome morir a cada momento un poquito más. Me duele el cuerpo, me duele respirar, me duele vivir.
Sí, me duele vivir y es aterrador. Acaso no queda nada de mí ya? Quizás no. Ya toque fondo? Si la respuesta es un no, cuánto más debo hundirme? Porque ya no puedo respirar. 

Duele. Me duele todo, cada parte de mí duele; de un momento a otro se convirtió en un dolor profundo, que invade cada parte de mí o de lo que queda de ella. Me aterra seguir viviendo. Tengo miedo de mí. 


viernes, 2 de febrero de 2018

Capítulo 26. Brígidamente Postre

La Brígida no soy yo, pero es parte de mí. Algo así como una amiga imaginaria o un alter ego aparece y desaparece dependiendo de los diversos estados psicotrópicos, emocionales y mentales por los que pase mi vida.

Ha estado en los peores momentos, cuando realmente he tocado fondo, cuando casi me he ahogado en los problemas de mi propia existencia. Ha llegado con el poder de destrozar todo; de sacar lo peor de mí, para lograr sacar lo mejor. Suena contradictorio, y sí, lo es; pero ha sido el mecanismo que forme para superar los peores momentos a los que me he enfrentado en mi vida. 

Ella tiene la valentía de destruirme, para hacerme sacar fuerza de mis estados evasores, para aferrarme a esa nueva versión de mí después de la catástrofe. 
Los últimos años, los he catalogado como horrendos, dolorosos. Unos años culiaós. Y he evadido todo. Me evado destruyéndome. 

Es en esos momento, cuando Brígida vuelve a mi vida. Ya no tenemos porque seguir así, sí podemos lograr estar peor. Un amigo mío siempre dice: "Uno siempre puede estar/quedar más para la cagada" Y es verdad. Y cuando ya no es gris, sino que negro, mi alter ego me rescata de la oscuridad, para mantenerme en  la penumbra, hasta que sola logró nuevamente encender la luz en mi vida. 
Pase por períodos en los que me sentía una alcohólica, pensé que realmente tenía problemas para manejar mí consumo de alcohol. Fui tan irresponsable en esa época, pero fue mi manera de evadir lo que me pasaba o lo que me pasa. 
Creo que aún no toco fondo, y que por eso aún no he caído por completo en el espiral etílico con el que enfrento mis desastres emocionales. Aún no he tocado fondo, pero presiento que Brígida me está esperando a la vuelta de la esquina con la botillería completa a mi disposición y la verdad, no sé si tendré la fuerza de voluntad para decirle que no esta vez.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Capítulo 25. Mis muertos

La primera pérdida en mi vida fue José Miguel, mi bisabuelo materno. Tenía como unos once años. Recuerdo que ese día, mi mamá nos retiro temprano del colegio, y preparo todo para el largo viaje que significa mover a toda la familia a Gorbea. Viajamos toda la noche, para poder llegar al velorio y al funeral del que fuera ese hombre tan maravilloso que afortunadamente me toco como bisabuelo.


Junto a José Miguel.
José Miguel, llego al sur de Chile junto a Marta, mi bisabuela que no alcance a conocer. Se dedicaron al corretaje de propiedades, por lo que siempre fueron medios gitanos y pulularon de un lugar a otro. Se fueron de Chile a vivir al sur de Argentina, después del terremoto del '60 en Valdivia, y volvieron varios años después a vivir a Temuco. 

Los recuerdos que tengo de este hombre, que me heredo el gusto por la comida, por los paseos, por las eternas siestas abrazados, por los pasteles. 
Grande, de ojos verdes, gordo, bonachón y de la risa fácilNo pude no haberlo disfrutado más. Siempre sentí que su existencia marco tanto mi infancia. Viajábamos en tren cada vez que podíamos a verlo. Mis vacaciones, siempre era tiempo perfecto para poder arrancarnos y vivir un par de semanas en su compañía. Conversar eternamente, jugar, reírnos y comer que era lo que más disfrutaba. Quizás su pérdida no fue tan terrible, porque ya era un regalo tenerlo como bisabuelo. Sentí su pérdida como algo natural a mis cortos años, porque vivir más de ciento siete años, es un regalo, no sólo para él, sino para todos quienes tuvimos el regalo de tenerlo en nuestras vidas. 

Hace cuatro años atrás partió Benilde, mi abuela materna, hija de José Miguel y Marta. La Mami, como le decía a mi abuela, fue uno de los pilares fundamentales de la vida familiar y de mi vida. 
Fue la quinta hija, casada con Jorge mi abuelo. Madre de mi mamá, de mi tío Barby y mi tía Bigotitos de foca, apodos que aún les tengo a mis adorados tíos, hermanos de mi madre; y ahora la única familia materna directa que me queda.

Crecí con está abuela tan maravillosa, que no tuve necesidad de tener mas abuelos que mis abuelos maternos. Crecí con su amor desbordante, con sus platos de comida enormes, con siestas y veranos juntas, con viajes. Cada fiestas patrias esperábamos sus empanadas fritas tan ricas, que nunca aprendí a hacer. Cada año nuevo lo pasamos juntos en familia. Cada cumpleaños, llegaba con una torta a verme. Era el llamado que esperaba cada 26 de mayo. Se sentía orgullosa de la gran familia que tenía. 
Mi mami, se fue de manera inesperada un 30 de mayo, días antes, me había llamado para mi cumpleaños y todo estaba bien. En la noche de ese treinta de mayo, me llamo mi papá, lo que no era raro, hablábamos todos los días porque yo estaba trabajando fuera de Santiago. Y me dice, que murió mi abuelita, como a mi mami jamás le dije abuelita, pensé que era la mamá de mi papá, descolocada, porque no podía ser mi mami, le pregunto que abuelita. Y me responde, la mami, la mami falleció. 
Sentí como mi mundo se desmoronó. Esa noche no pude viajar. Llore y pensé casi toda la noche que todo esto era una pesadilla. No podía ser posible que mi mami, ya no estuviera. Dormí un par de horas y me vine a Santiago con el corazón en pedazos. Sentí por primera vez que el mundo era tan injusto y supe lo dolorosa que era la vida al quitarme a quien más quería.


Jorge, mi abuelo materno.
Casi un año y cuatro meses después, falleció Jorge, mi abuelo materno. Lo de mi tata, fue más un proceso. 
Después de fallecer la mami, el Pelao, como le decía de cariño paso enfermo. Dos semanas antes de partir, nos enteramos que tenía un cáncer en etapa terminal. 
El pelao, era el primogénito de Marina y Juan. Hermano de Zelma y Juan. Oriundo de Peumo, tuvo una infancia muy dura y creo, podría escribir un libro de su vida.
Boxeador en el servicio militar, fue padre joven de mi madre. Amante del tango y los boleros. Le gustaba tomarse su vinito y muchas veces lo acompañe siendo pequeña, a unos tugurios como El Castillo en Av. Apoquindo, una cantina donde todos se conocían y que aún sobrevive a los avances de la modernidad. En sus últimos días, estuvo rodeado de toda su familia, hasta que su cuerpo no dio más.

La última pérdida fue mi madre, Evelyn, el año pasado. Mi mamá, hija mayor de Jorge y Benilde, casada con Antonio, mi padre. Madre de cuatro hijos; Jorge Antonio, Juan Pablo, Constanza y José Ignacio. Abuela de Isidora y Emilia. Tía de ocho sobrinos.

Durante poco más de un año, mi mamá dio la pelea más dura que le toco dar en su vida. Pelear por vivir. Estuvo internada los últimos meses del 2015 y terminamos ese año, con mi mamá grave en riesgo vital. 
Fue tan duro, pero ahora a casi un año de su muerte, siento que mi mamá fue tan precavida, y nos quiso regalar tiempo con ella. Durante febrero del 2016, volvió a casa para pasar los que serían sus últimos meses con nosotros. Ver partir a mi madre a sido sin duda alguna lo más doloroso que me ha tocado enfrentar en mi vida. Es un dolor tan horrendo que aún no se como explicarlo. No hay día que no recuerde a mi mamá, la pienso y la siento siempre. 

Estos últimos años, han sido años duros. He perdido a gran parte de mi familia materna, pilar fundamental de mi vida. 

Hoy después de muchos meses sin ir, fui al cementerio como cada 1 de noviembre lo hicimos junto a mi mamá. Fue duro levantarme, vestirme, llegar al mausoleo, y saber que en ese lugar estaban los restos de las personas que más ame en mi vida. Es doloroso no poder abrazarlos, no poder decirles cuanta falta me hacen a diario.  Que los necesito enormemente. Es muy duro seguir la vida sin ustedes en ella, pero se que ustedes viven en mi con cada recuerdo que compartimos. Con cada abrazo que nos dimos, con cada te amo que nos dijimos, con cada risa. Se que viven en mi, mientras yo los siga recordando cada día, a cada momento.




martes, 12 de septiembre de 2017

Capítulo 24. Estoy como el pico!

Hace tiempo que no escribo por diversas razones. Hoy escribiré de mí y de cómo llegue a estar como estoy hoy. Partiré con un: hoy estoy como el pico.

El jueves pasado, fui al médico y me dieron ocho días de licencia, que creo no debí haber tomado, porque el tiempo de ocio, se convierte en tiempos de tortura mental. 

No había tenido pausas desde los días que me tomé cuando falleció mi mamá a finales del año pasado. 
Pensé, que estos días en casa me harían muy bien para descansar, y leer y ver películas; pero desde el domingo en la noche que no he parado de llorar. Es como si mis ojos fueran un par de grifos veraniegos abiertos en alguna pobla. 

He llorado, y llorado y no he parado de llorar. Tengo un nudo en el estomago, la guata dura, tensa. Es cómo si hubiese acumulado años y años de pena y ya no puedo seguir reteniendo todo y lo solté. 
El negrito y los niños, no saben que decir, todos se han acercado y yo los he evadido olímpicamente,  porque no sé porque lloro y no puedo parar. Mi corazón ha acumulado creo tanta pena y dolor que se derrumbó. Me encuentro en el hoyo mismo y tengo dos opciones: terminar de hundirme o salir a flote de nuevo (sí de nuevo)
Si me preguntan ahora, no tengo ánimos de nada. He generado tal nivel de estrés en mi cuerpo que hasta con vómitos he estado. 
Quiero desaparecer. A ratos siento que me volveré loca. Saldría corriendo.

Pienso en mi mamá, en mis tatas. En mis hermanos, en mi papá, en mis sobrinas. Pienso en mi trabajo, en las clases. Pienso, en todo y en todos. Y no puedo para de llorar. Todo esto es terrible. Estoy agotada de tratar de estar bien, de rendir en todos lados , de ser la hija, la hermana, la tía, la amiga, la compañera. Ya no me quedan fuerzas para seguir a ningún lado. 
Debo seguir acaso?
I dont know.



lunes, 3 de julio de 2017

Capítulo 23. Aniversario de Matrimonio

Mis papas.

      A estás alturas del año pasado estábamos con la Monita haciendo todos los preparativos para celebrar su aniversario de matrimonio con mi padre, Antonio. 
Cumplían treinta y cuatro años de casados, y creo que desde que tengo memoria, jamás lo habían celebrado. Treinta y cuatro años juntos, más de la mitad de sus vidas.


Salto del Laja. '91 o'92
Yo procure hacer algunos recuerdos para esa fecha, seleccione fotos de nuestra vida familiar y lo que había sido la historia de amor que construyeron juntos. Fotos de nosotros pequeños, de los viajes familiares, de los cumpleaños, fiestas patrias y años nuevos que pasamos juntos. Recuerdos; recuerdos que habían ido acumulando a lo largo de los años. 


Ovalle. '94
Pedimos un menú a los amigos italianos de Franklin y armamos una comida con la familia más cercana, nos reunimos, como tanto le gustaba a mi mamá. A ella le encantaba recibir gente en la casa. Quizás la Monita sabía que no le quedaba mucho de vida y nos quiso reunir para crear recuerdos con ella el último tiempo. 
Mi madre fue siempre una mujer tan precavida, siempre adelantándose a todo. Porque quiso celebrar su aniversario justo el año en que nos dejo? Supongo que mi mamá sabía que no viviría mucho, y quiso regalarnos tiempo con ella. Tiempo y recuerdos. 

Santiago. 2016
Ese día lo pasamos tan bien, mi mamá como nunca a pesar de lo cansada que se veía no quiso dejar a sus invitados. Converso y compartió con todos. Se veía feliz. Todos ese día estábamos felices porque llevaba tanto tiempo sin salir de su cama, después de haber pasado un largo período hospitalizada. Supongo que ese también fue el veranito de San Juan que tuvo mi madre antes de su última recaída.

Aproveche ese día de tomar fotos, para atesorar ese momento y recordar. 
El próximo 12 de Julio, mis papás habría cumplido sus treinta y cinco años juntos. Y se que será una fecha dolorosa, porque será el primer aniversario de matrimonio que mi papá estará sin la Monita. 

Cada fecha familiar el último tiempo a ido acrecentando la ausencia de mi madre en nuestras vidas. A pesar de que todos hemos tratado de salir adelante juntos, hemos esquivado el dolor de sentir su ausencia cada día. Ignorando. Haciendo cosas para mantener la mente ocupada y no tener que lidiar con el dolor de la pérdida. Con tener que lidiar con todos los dolores, de todas las pérdidas de los últimos cuatro años.

domingo, 14 de mayo de 2017

Capítulo 22. Día de la Madre

En mi familia nunca hemos sido de la idea de celebrar el día de lo que el comercio estime conveniente celebrar; y no es ser amargada con quienes si les gusta celebrar. Es más bien una manera practica de ver la vida. 

Mi mamá siempre me decía porque solo debe ser un día? Acaso no puede ser el día que queramos o repetirlo en infinidad de ocasiones durante una semana, un mes o un año? Porque no es necesario que exista un día para reunirnos, o para celebrarnos o en definitiva para amarnos. 

Fue así como en especial esta fecha y en especial este año es el primer día de la madre que me encuentro en el mundo sin la mía y es difícil lidiar con todo el bombardeo de emotivas postales con las que las redes sociales me bombardean. Es difícil como una fecha que no significaba nada, se convierte en dolor. 

Fue así como trate de pasar el fin de semana con mi familia y en especial con mi papá, que es por estás fechas cuando el mundo le recuerda a gritos que perdió con quien compartió más de la mitad de su vida y quien fue la madre de sus hijos. 

Y ese nuevo padre- madre, que de un momento a otro le toco llevar ambos roles con hijos grandes, y que muchas veces no sabe que hacer, ni decir; y trata de ser como la mamá que ya no tengo, tratando de pensar que habría hecho la Monita.

Nos unimos en el silencio del dolor, sin decirnos ninguna palabra al respecto. No dijimos nada sobre la venta indiscriminada de chocolates, o las flores y peluches alusivos al día de la madre. Tampoco dijimos nada al ver matrimonios con sus hijos. Tampoco dijimos nada hoy. Cada uno vivió en silencio la ausencia de mi mamá el día de hoy.

lunes, 1 de mayo de 2017

Capítulo 21. Dealers

Y así fue como la niñita del colegio de monjas se empezó a corromper de a poquito cuando la burbuja estalló en sus narices. Bueno, quizás nunca hubo burbuja. 
Abro paréntesis.Debo recordar que en mis años de escolaridad juvenils, era parte del grupito que no fumaba, no tomaba o si tomaba era muy poco, por ende jamás se curo raja (y por supuesto; no se vómito el pelo, no meo en la calle, y no anduvo ni postre, ni rancia. De cañas ni hablar.) Bueno, pero esos eran otros tiempos. Al terminar cuartomiedo, seguí enrielada en el sendero del señor. Trato de recordar, cuándo? Cuándo todo se derrumbo, dentro de mí,dentro de mí y entre en los vicios de a poquito. Porque debo asumir, que esto fue una escalada, y una cosa llevo a la otra. De un vaso a una garrafa. De un cigarro a un pito, y de ahí pá delante, no pares, sigue, sigue y me acorde de Proyecto Uno, lo que accidentalmente fue una caída de carnéts terrorífica. Cierre paréntesis.

Aclarado lo anterior, vuelvo a preguntarme casi a gritos como pase de esconderle los cigarros a mi papá para que no fumara, a fumarme una cajetilla diaria. Cómo pase de la sobriedad al alcoholismo. Cómo pase de la decencia a la indignidá. Y como pase de consumidora a dealers. Porque debo reconocer, que las charlas del Conace y de Don Graf, no dieron ni un fruto en mi vida. No sirvieron de ná, lo que es ná. Ni con cien,docientos, lo que tu queraí hubiese resultado!

Creo que aunque no lo quiera asumir, porque si el Pelao se entera de que me las ando dando de dealers-consumidora-pasturrienta me encierra de por vida en la casa de las Carmelitas Descalzas a la salida de Melipilla y como a mí no me gusta el encierro, porque de vez en cuando y de cuando en vez me vienen los ahogos de la Olguita Marina; seguiré con mi vida de delincuente encubierta. Abro paréntesis; mi papá ya cree que soy delincuente por tener tatuajes, no se que pensaría si sabe que de vez en cuando me las doy de dealers. Cierre paréntesis. 

Y bueno, en un principio, era la paletiada de comprarle a los amigos, porque he tenido la suerte, que siempre conozco gente que es más drogadicta que yo, y que tienen un amigo del amigo del amigo que vende marimba. Eso si, de los amigos no he pasado. Y analizando de esta manera la situación, sería algo así como el dealers-amigo-pana-therials-bakan-ricobuenaonda, así como a lo Eli de Caso, en Aló Eli!
El Sendero del Señor y los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba, no son lo que imaginaba, no son lo que yo creía, así como dice Vicentico; me han llevado, como todo en la vida de una cosa a otra, pero de esa cosa a está otra cosa existe un universo paralelo y mas de siete vidas de felino. 

Aunque por otro lado creo que ver en los últimos años tantas series de narcotraficantes como, Pablito Escobar, El Señor de los Cielos, el Chapo Guzmán y su escapada de película gringa, donde ser narco es bakan-pulento, creo que me dio como a súper héroe a Pablito Escobarsh. Porque, abro paréntesis, después de ver la serie de Pablo Escobar, El Patrón del Mal; que Pablo se convirtió en mi mentor y quiero ser como él, con un imperio de coca; pero claro, el mío será de marimba. Cierre paréntesis. O fue la tele, las series, los narcos, las circunstancias, la buena onda, la paletiá, Colombia, o simplemente yo, lo que dieron el vamos a está nueva vida de microtráfico y aventura. Y yo me transforme cual travestí, de la niña del colegio de monjas a la delincuente traficante de sustancias mentales, dealers de la amistad. Heroína de los angurrientos. Patrona de la dispersión. Madrina de los volaos! 


domingo, 23 de abril de 2017

Capítulo 20. Ha vuelto!

Tengo un poco de miedo, porque creo que la Brígida ha vuelto!

Estas últimas semanas han sido muy complicadas emocionalmente hablando, creo que muchas cosas han sucedido y resulta que por esas casualidades de la vida volví a reencontrarme con la Brígida. Volvimos a conversar, y recuperamos tantos años perdidos de relación. 

Justo en los momentos más complicados de mí vida, ella vuelve como si supiera que estoy mal y que la necesito. Sabe que decir y que hacer en estás situaciones, porque me conoce tan bien por Dioh! 
Fueron tantos los años de postricidad que nos unieron durante la más tierna juventú, que el reencuentro ha sido algo así como que todos los planetas de alinearon para dar paso al choque de los mundos y crear un nuevo universo entre nosotras. Y no miento, ella siempre me acompaña en los peores momentos de la vida. 
A nadie que me conoce le tiene mucho aprecio a la Brígida, porque sabe que juntas somos como una súper mega dupla, como un huracán...arrasadoras. Juntas podemos arrasar con "El Cielo" y desabastecer al país con sólo proponerlo, en menos de veinticuatro horas y con antecedentes que lo avalan como un hecho histórico. 
Entonces, aún no sé si viene solo de pasadita por mi vida nuevamente, o si es que quiere quedarse por algún tiempo o pá siempre, pero sin duda alguna, se vienen muchos metros cúbicos para nuestros cuerpos que desean crear un universo nuevo. Unidas somos más fuertes; más sedientas, más peligrosas, más rancias, más amor del bueno, más hampa a nuestra existencia rehablitada! Porque juntas abandonamos declaradamente hoy el Sendero del Señor, para volver como reinas de la noche a la postricidad. He dicho. Es palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. Amén. 

sábado, 15 de abril de 2017

Capítulo 19. El Sendero del Señor

Y yo aún no me entero cómo ni en que momento es que retome el sendero del Señor y deje la vida pecaminosa que llevaba llena de vicios. Ya, nunca tanto la verdá! Porque no soy ni tan beata, ni tan milagrosa, ni tan sobria como para admitir tal grado de milagro.

Resulta que de un tiempo a esta parte en mai laif he estado un tanto alejada del mundo de excesos etílicos, y supongo que todo se debe a mi casi nula actividad social en los meses de enclaustramiento que es el resultado de ser una trabajadora, estudiante, dueña de casa, Elvira, amiga, señora de la risa y los infinitos seres que viven dentro de mí; porque si tuviera el tiempo de antaño, otro gallo cantaría en esta historia de rehabilitación.

El otro día salí, por esos milagros que ocurren solo en semana santa y ni siquiera cumplí con la cuota mínima de bebestible, cuando desistí por que hacia frío. ¡Porque hacia frío!, que excusa más de mujer rehabilitada en el sendero del señor. Así que por ende no hay mejor prueba de que el pulento existe y que hace milagros para semana santa. Soy un ejemplo de milagro de semana santa. 

Después de aquella prueba superada por los años de embriaguez callejera de cuneta, cuma y del hampa, puedo decir que la luz del señor entro en mi vida, aunque claro, aún no se si la luz se quede o no en mí, porque queda solo un poco para cumplir con el rito del natalicio; y en las celebraciones de los natalicios, sea de quien sea, siempre hay que brindar (mucho o poco) por los años que se nos van y por los que vienen. Así que esta vez, aún no cantare victoria!

domingo, 29 de enero de 2017

Capítulo 18. Perder

Perder es terrible, sobre todo si ese perder implica que sea parte de tu vida. Los últimos años he perdido de manera continua y consecutiva a muchos en mi vida. Perdí a mis abuelos maternos con un año y medio de diferencia. Perdí un sobrino que su paso por este mundo fueron dos horas. Y el año que se nos fue, se llevo a mi mamá, pilar fundamental de mi vida y la de toda mi familia en realidad. 
En  menos de cuatro años, perdí a cuatro familiares, uno cada año. Perdí gran parte de mi soporte a la tierra; y si ya era descarriada y alcohólica ocasional con ellos en mi vida, pensé que volvería a los momentos de mayor postricidad que tuve en mis años de juventú, cuando todo lo resolvía curándome raja. 
Serán los años, la madurez, la adultez, los astros, las estrellas o la pena horrenda que me he cerrado a negarme de vivir el proceso de duelo, para llorar a todos quienes he perdido en los últimos años de mi vida. 
Aún no asemejo ninguna de mis perdidas, aún no término mis duelos por ninguno de los que han partido y que han dejado un vacío horrendo en mi vida y en mi corazón. 

Quizás perder a mis abuelos, era parte de la vida, aunque eso no significa que duela menos no tenerlos en mi vida. Porque duele todos los días; duele no pasar el dieciocho comiendo las empanadas de pino fritas de mi abuela. Duele cada año nuevo que ya no pasamos juntos, duele no escuchar sus voces, duele no sentir sus abrazos, duele no sentir su olor. Duele sentir que ya no están; pero perder a mi mamá, es algo que aún no asumo del todo. 

Es fuerte asumir que ya no habrán más siestas juntas; ni ver películas, ni ir a comer pizzas a Ravera. Ya no habrán mas abrazos, ni besos, ni apapachos, ni cariños. Ya no volveré a sentir su olor; ya no volveré a leerle. Ya nadie me dirá en el día de mi cumpleaños como llegue a este mundo como ella lo hacia cada año. Duele saber que no me acompañara en los logros, que también son de ella. Que no conocerá a mis hijos, que no habrán más almuerzos familiares. Nadie sabrá que paños de cocina comprar para la casa, o ya no será ella la que decida de que color se pintara la casa. 
Con mis perdidas consecutivas lo único que aprendí fue a vivir a concho cada uno de mis días y aprovechar a quienes aún me quedan en mi vida. Quienes me conocen saben que soy una mujer de la risa fácil y contagiosa; pero creo que el ultimo tiempo rio sólo para que el resto no me pregunte como estoy. ¿Cómo debería estar? Cómo debería estar después de perder la mitad de mi vida en un par de años. 
La gente vive quejándose por lo que no tiene y por lo que tiene todo el tiempo, sin darse cuenta lo afortunados que son. Se quejan por los kilos de más, por el tiempo, por el trabajo, por todo. Yo solo me quejo de no haber tenido más tiempo con quienes amaba.

Mis perdidas familiares han desencadenado en mi que viva a concho todo, reír, llorar, amar, abrazar, aprender y desaprender, respirar, salir, etc. Todo absolutamente todo lo disfruto y lo vivo a concho. No se cuando la vida se ensaño tanto con hacerme sufrir y tener que levantarme por los que quedamos aquí. Aún me quedan mis hermanos y mi papá. Aun me quedan mis sobrinas y un compañero que llego en el momento menos y más oportuno a la vez a mi vida. Pero perder de está forma siempre será doloroso y vivir con esos dolores y esas penas es aún peor; lo único que queda es disfrutar todo y a todos lo que más se pueda. Entregándolo todo sin miedo a sufrir, porque no habrá dolor más grande que vivir con la ausencia de los que amaste y ya no están.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Capítulo 17. Es ella, no yo!

Yo soy una persona tranquila, bueno, tranquila dentro de todo. Piola, bueno mi risa no es muy piola que digamos, pero el resto de mi persona si lo es. Bueno yo mujer tranquila, en el sendero del señor cada cierto tiempo es boicoteada por ella. 

Sí, ella. Ella que es seca pa tomarse hasta el agua del florero. Ella que le gusta bailar hasta el menos diez apretaito y hasta el suelo. Ella que curá y con celular con batería  es un peligro para la sociedad, porque deja la cagada mandando mensajes. Pienso en ella y se me eriza la piel de lo Brígida que es la loca. Porque calmasound y aclarando un punto...todas las mujeres son (somos) locas, ninguna se salva, pero esta weona la cagó! Loca, loca, loca pó.

Ella que toma en la cuneta, o en la puerta de una casa, o donde le venga la sed; porque la loca con sed se pone más peligrosa que mono con navaja. A ella le gusta degustar el cartoné en la cuneta vacilándose algo pa la mente. A veces toma la semana completa. A ella le gusta cuando gente que no la conoce la desafié a tomarse el copete al seco, dudando de sus hábiles capacidades etilicas para empinar el codo; habilidades que adquirió con un arduo entrenamiento a lo largo de los años.
A pesar de que con ella nos conocemos de toda la vida, y hemos vivido diferente experiencias al borde de la religiosidad que nos podrían declarar beatas sin tener que llevar todos nuestros diversos milagros al Vaticano. A pesar de que ella no soy yo ni yo soy ella, compartimos el gusto por el postresismo y la ranciedad. A ratos nos perdemos, pero cuando nos reencontramos, son de esos reencuentros en que la tierra se sacude, chocan las estrellas, se caen los aviones y los huracanes azotan la tierra. Por que ella, es ella la Brígida y no yo.